Trastornos del aprendizaje y de la atención: ¿qué ocurre en el mundo emocional de Madre e Hijo?

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Trastornos del aprendizaje y de la atención: ¿qué ocurre en el mundo emocional de Madre e Hijo?

Temas delicados, que deseo tratar con el máximo respeto y cariño que merecen.

Cada vez son más las madres que acuden a mí en consulta, trayendo historias de sus hijos que «no pueden integrarse en la escuela o en otras situaciones sociales». De todo corazón, intentan comprender qué es lo que va mal y cuáles pueden ser las necesidades especiales de su hijo.

NECESIDADES ESPECIALES: una definición técnica que me gustaría explorar desde una perspectiva más amplia, para mirar más allá de las etiquetas y reflexionar sobre las motivaciones más profundas que hay detrás de estos términos. Las madres, al igual que sus hijos, son cada vez más etiquetadas, y quiero empezar a hablar de cómo afectan estas etiquetas a la vida cotidiana y a las relaciones.

Los diagnósticos más habituales que me traen las madres son TEA (Trastornos Específicos del Aprendizaje) y TDAH (Trastorno por Déficit de Atención). Estos diagnósticos suelen venir acompañados de una mezcla de alivio y preocupación: alivio porque por fin tienes una respuesta clara a «lo que le pasa» a tu hijo, pero también preocupación por lo que le depara el futuro.

Hoy quiero compartir algunas claves interpretativas de la Metamedicina y mi experiencia práctica con madres que se enfrentan a lo que a veces es un verdadero calvario. Además, también hay adultos que, llevando esta etiqueta consigo toda la vida, piden la posibilidad de librarse de ella.

El tema es muy amplio, pero hoy intentamos sentar algunas bases. Si te interesa, házmelo saber en los comentarios, y podemos crear un espacio dedicado a explorarlo más a fondo.


¿Por qué buscan las madres un diagnóstico?


Empecemos por una pregunta fundamental: ¿qué lleva a una madre (o a un padre) a buscar un diagnóstico? A menudo es la necesidad de comprenderpor qué su hijo es tan diferente de los demás, o por qué no aprende tan bien como los demás, o por qué está más agitado que otros niños. Pero también el deseo de ayudarle a integrarse, de seguirle en sus estudios, de ser aceptado, incluido, no sólo por la escuela, sino por la sociedad en su conjunto.

Y también hay otra necesidad: comprender quién es nuestro hijo y cómo podemos apoyarle mejor.


¿Diferente de quién?

Lo sabemos: vivimos en una sociedad que promueve la normalización, y hoy, más que nunca, a las almas especiales que se encarnan les resulta difícil plegarse a unas normas predefinidas. Cuando un niño tiene una misión evolutiva, le resulta aún más difícil adaptarse a esta visión limitada del mundo.

Por eso la diversidad de los niños, hoy más que nunca, es una realidad que no podemos ignorar.

Hoy, sin embargo, quiero centrarme en la madre y las madres: de hecho, son las madres quienes tienen gran parte de la responsabilidad de esta diversidad. No es una cuestión de culpa, sino de capacidad para responder a esta «particularidad». Es cierto que las madres también soportan a menudo la carga de esta «diversidad», porque cuando reconocen que su hijo es especial, tienen que encontrar la manera de hacer que «encaje» en el mundo exterior. Y aquí es donde empieza el dolor.


La búsqueda de un diagnóstico: ¿un alivio o una condena?

A veces, para «recomponerse» con sus hijos, buscan un diagnóstico que pueda explicar su comportamiento. Los diagnósticos, como las dificultades de aprendizaje (DSA), la dislexia o el TDAH, pueden suponer un alivio para muchas madres. El diagnóstico ofrece por fin una etiqueta, un «no es culpa mía», una explicación que parece poner orden.

Pero, ¿qué hacemos, concretamente, una vez que tenemos esta información? ¿Qué es lo que cambia realmente?


Preguntas que nos ayudan a crecer

Aunque el diagnóstico puede aportar una comprensión superficial del problema, creo firmemente que lo que nos hace crecer son las preguntas. La metamedicina, que se basa precisamente en las preguntas, nos ayuda a ampliar nuestra visión y a explorar las razones más profundas de los trastornos.

Por ejemplo, ¿qué nos dicen los trastornos del aprendizaje como la dislexia? Estos trastornos sugieren una confusión, una falta de orden. Ahora bien, si pensamos en cómo se manifiesta el orden o el desorden en las familias, nos damos cuenta de que puede haber inversión de papeles en la familia, o confusión en la comunicación. Una madre que niega su propio dolor para proteger a su hijo, por ejemplo, envía un mensaje ambiguo, un mensaje de confusión, que el niño percibe inconscientemente.

En trastornos como la discalculia, la cuestión del orden (o trastorno numérico) se hace aún más evidente. «¿Cuántos somos en la familia?» es una pregunta que puede resultar confusa para un niño que crece en una familia en la que no está claro dónde empieza y acaba la familia.


Un enfoque más amplio de la vida

Lo que quiero transmitir hoy es una invitación a adoptar una visión más amplia de la vida y de los problemas a los que nos enfrentamos, mirando más allá de las etiquetas e intentando comprender las raíces profundas de los trastornos y los comportamientos. Si no comprendemos realmente lo que ocurre, independientemente del diagnóstico que nos den, ¿qué cambiará realmente?


Trastornos de la atención: miedo y falta de seguridad

En cuanto a los trastornos de atención, suelen estar relacionados con estados emocionales violentos, como el miedo o la hiperalerta. Estos niños nunca se sienten seguros, ni siquiera dentro del hogar, que debería ser el refugio más seguro.

Las personas que desarrollan estos trastornos suelen proceder de familias muy conflictivas o de madres coléricas incapaces de controlar su ira, o que han sufrido violencia. En estos casos, el niño actúa como un «detonador», sacando a la luz conflictos no resueltos.


Una visión integrada: no culpes, comprende

Mi invitación de hoy es a abandonar la culpa. No estamos aquí para juzgar ni encontrar culpables, sino para comprender lo que ocurre en nuestros corazones y familias. Si nos abrimos a una visión más amplia, podremos ver cómo las dificultades que atravesamos pueden ser reflejos de nuestras experiencias pasadas, de nuestras emociones reprimidas, y no sólo «causas externas».

En resumen, cada historia es única, y nuestro crecimiento pasa por una comprensión profunda, una toma de conciencia de lo que somos, de lo que experimentamos y de lo que podemos transformar.

Si esta reflexión resuena contigo, si tienes más preguntas o te gustaría profundizar, por favor, déjame un comentario.

Estoy aquí para explorar juntos estas cuestiones.

Escrito por Alexandra Francesca D'Alessandro

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